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Pascua de Tony Mifsud, SJ

Informamos con mucha tristeza que hoy lunes 2 de mayo a las 4 AM, falleció el p. Tony Mifsud SJ

Vía: Jesuitas.cl

Encomendémoslo al Señor en nuestras Eucaristías comunitarias y oración personal. A la hora de la partida al encuentro del Señor, el Padre Tony tenía 72 años de edad, 57 años de Compañía y 42 años de Sacerdocio.

En este día en que recordamos el Misterio Pascual de Cristo, encomendamos a Tony en nuestra oración y pidamos que la Pascua que celebraremos consuele a sus seres queridos y a toda la Compañía de Jesús.

La Misa de despedida del p. Tony se realizará este martes 3 de mayo, a las 11 horas, en la Iglesia de San Ignacio (Dirección: Padre Alonso de Ovalle 1494, Santiago, Región Metropolitana) y será transmitida por Facebook Live de Jesuitas Chile en el siguiente link: https://fb.me/e/2ow0wtMk6?ti=wa 

#PascuaTonyMifsudSJ

La historia de nuestro querido Tony Mifsud SJ:

Un joven Tony de 25 años llegó a Santiago en noviembre de 1974. Había terminado recién dos años de magisterio en el St. Aloysius College de Malta, donde había cursado su enseñanza media después de la cual ingresó a la Compañía en 1965 a los quince años y medio. Con él viajó también Tony Calleja. Ambos seguían la huella abierta  por Eddie Mercieca, llegado a Chile en 1963 junto a Alfred Cauchi, George Serracino y Héctor Mercieca. La comunidad de acogida fue la de Ejército 72 con algunos estudiantes y sacerdotes chilenos muy abiertos a la pastoral juvenil. Tony continuó viviendo en esa comunidad en 1975 al mismo tiempo que iniciaba los estudios de teología en la Facultad de la Pontificia Universidad Católica de Santiago. Pronto hizo contactos con ambientes juveniles. Con su guitarra y sus canciones se ganaba el cariño, mientras progresaba en el dominio del español y cumplía el rito inevitable de aprender una serie de “garabatos” maliciosamente enseñados por otros jóvenes, jesuitas o laicos. Los años 1976 y 1977 los vivió en la comunidad del Colegio Máximo San Miguel en Almirante Barroso 26 cuyo superior era Eduardo Mercieca.

De 1975 a 1977, mostrando ya su gran capacidad de trabajo, hizo todos los cursos exigidos para obtener el título de Bachiller en Teología. De esa época quedan dos reflexiones aparecidas en la Revista Mensaje, de la cual muchos años después llegaría a ser su director. Al terminar el bachillerato, fue destinado por el provincial P. Juan Ochagavía a hacer estudios de teología moral en Comillas, España, como parte del esfuerzo de formar nuevos moralistas que colaboraran en la Facultad de Teología y en otras obras de la Compañía. En la Universidad de Comillas se encontró con el Padre Marciano Vidal, afamado moralista español, que fue para él un verdadero maestro, inspirador y amigo. Hizo los estudios de magíster y obtuvo el título a mediados de 1977, con una tesis sobre Lawrence Kohlberg.

Ordenado sacerdote en Malta el 4 de septiembre de ese año, volvió a Madrid para sus estudios de doctorado  y la confección de la tesis, que fue una profundización de la de magíster. Hizo un esfuerzo enorme, que después le pasó la cuenta, para terminar su doctorado a mediados de 1980.

Al llegar a Chile fue a vivir en la Casa Jesús Obrero, en la Población La Palma, a una comunidad mixta de sacerdotes jóvenes y estudiantes de teología. Trabajó como vicario en la Parroquia Jesús Obrero, colaboró en el CIDE, aportando desde su especialidad, y desde 1981 enseñó teología moral en la Facultad de Teología de la Universidad Católica. Esos primeros años colaboró como tutor en la formación de los numerosos estudiantes jesuitas chilenos y peruanos.

Hizo la Tercera Probación con el Instructor P. Antonio Menacho SJ en Valparaíso durante los primeros meses de 1983, junto a sacerdotes de provincias vecinas, y el resto del año vivió en la pequeña comunidad de la Parroquia La Santa Cruz en la Población Nogales. Ahí combinaba la enseñanza, el trabajo en el CIDE y el trabajo pastoral en Jesús Obrero.

Pronunció sus últimos votos como profeso el 18 de febrero de 1984 y pasó a vivir en la Comunidad de estudiantes de filosofía y teología en Ejército 72 hasta 1985, de la cual fue ecónomo. A sus actividades en el CIDE y la Facultad de Teología agregó entonces la enseñanza de Teología Moral en el Seminario Pontificio de Santiago hasta 1991. Completó su servicio a la formación en Chile los años 1986 y 1987, sirviendo como vice superior de la Casa de teólogos en la calle Gravity en Estación Central.

Durante este período de 1980 a 1987, además del ejercicio ministerial, de la docencia, de los servicios en comunidades de formación y de la colaboración en el CIDE -y en gran parte como fruto de esas labores-, emprendió la tarea magna de escribir una especie de “suma” de teología moral desde la óptica del discernimiento que fue publicando paulatinamente antes de 1988. Fue un esfuerzo enorme que lo desgastó mucho y que no sintió suficientemente valorado por la Facultad de Teología que le pedía sobre todo la docencia. A Tony le atraía mucho más escribir, participar en diálogos académicos o en foros con otros especialistas sobre puntos de actualidad, que enseñar en cursos regulares. El resultado fueron los cuatro tomos de “Moral de Discernimiento” que tuvieron mucha aceptación y varias ediciones. Era el primer moralista que ofrecía una visión global de la teología moral desde América Latina.

En 1988 es nombrado director del Instituto Latinoamericano de Estudios Sociales (ILADES) y pasó a vivir en la Casa San Roberto Bellarmino hasta 1993. De allí se trasladó a la Comunidad del Colegio San Ignacio El Bosque en 1994. Fue el último director de ILADES y le correspondió vivir como tal el proceso de discernimiento acerca de la fundación de la futura Universidad Alberto Hurtado a la cual se integraría dicho Instituto como una de las instituciones fundadoras. Desempeñó ese cargo hasta 1995 simultáneamente con la enseñanza de teología en la Universidad Católica y en el Seminario Pontificio.

Tony siempre se manifestó disponible para las misiones que la Compañía le pudiera encargar en Chile o en otros países y lo demostró cuando desde el CELAM pidieron al Provincial de Chile que lo enviara a Bogotá para asumir como rector del Instituto Teológico-Pastoral para América Latina, ITEPAL-CELAM. Fueron tres años (1996-1998) de servicio a la Iglesia latinoamericana, viviendo en la misma sede del Instituto, que enriqueció su conocimiento de ella y en el cual puso toda su energía y creatividad. Este envío al extranjero significó un corte en su larga labor de docencia de teología moral en Chile.

Vuelto al país, se reintegró en 1999 a la Comunidad del Colegio San Ignacio El Bosque y retomó la enseñanza de teología moral en la Facultad de la Universidad Católica y asumió como director del Departamento de Ética de la Universidad Alberto Hurtado, siendo el inspirador y el alma de los Informes “Ethos” que periódicamente reflexionaban, desde la óptica del discernimiento, sobre los diversos interrogantes éticos surgidos en la realidad chilena que cambiaba con gran rapidez. Este trabajo, realizado por un equipo, lo motivó fuertemente e invirtió en él mucho de su tiempo.

Ya en este período Tony empezó a reflexionar sistemáticamente acerca de la relación entre teología moral y espiritualidad. Testigo de ello son los numerosos libros publicados que llevan este sello durante sus últimos años. Al tener una intuición nueva, muy pronto experimentaba la necesidad de expresarla por escrito, se dedicaba muy a fondo a trabajarla y a plasmarla en un libro.

Dando muestras de la disponibilidad ya mencionada, fue durante dos años ayudante del Instructor de Tercera Probación en Calera de Tango, capellán de la Fundación Trabajo para un Hermano, acompañante de algunas comunidades de adultos/as que le eran muy queridas, y colaborador de la Conferencia de Provinciales de América latina (CPAL) en el área de colaboración con laicos.

Probablemente este último trabajo llevó a que el Presidente de la CPAL, con anuencia del provincial chileno, lo llamara a integrar el equipo central de la CPAL. Se trasladó a Río de Janeiro para servir ahí entre 2009 y 2010, esta vez viviendo en una comunidad jesuita cuyos miembros por su oficio debían viajar mucho, lo que le significó cierta soledad. Estuvo encargado del sector “Colaboración con los laicos” y colaboró en la preparación del Plan Apostólico Común de la CPAL.

Terminada su misión a fines de 2010, vuelve a Chile y los siguientes años vivió en la Casa San Roberto Bellarmino, en la Casa San Ignacio y un corto lapso en la comunidad de Antofagasta. Durante estos últimos años de su vida vuelve a manifestar su gran disponibilidad para recibir diversas misiones. Además de retomar algo la docencia de teología moral -que dejará definitivamente en 2016- y de integrar el Centro de Ética de la UAH, es el delegado del Provincial para la colaboración con los laicos. Al mismo tiempo colabora en la Comisión de Ministerios de la Provincia y sirve como Socio de dos provinciales desde mediados de 2012 hasta noviembre de 2014 en un período de grandes dificultades de la Provincia por las denuncias de abusos contra algunos de nuestros compañeros.

A mediados de 2015 es nombrado director de la Revista Mensaje, cargo que asume con gran responsabilidad, tomando la decisión de escribir la mayoría de las editoriales después de recibir los aportes de los y las integrantes del Consejo Ampliado. Se esforzó durante los cinco años como director por aportar desde la perspectiva cristiana elementos de discernimiento frente al acontecer nacional, eclesial e internacional. Su especialización como teólogo moral, con el acento en la espiritualidad, y la experiencia en la elaboración colectiva de los Informes “Ethos” ciertamente que lo habían preparado para cumplir esta tarea que consideró importante en años de profundos cambios culturales y eclesiales en Chile, en la Iglesia y en el mundo. Simultáneamente sigue como integrante del Centro de Ética y Reflexión de la UAH y su trabajo se concreta en la publicación de varios libros en que aborda temáticas candentes en esos años.

En 2017 empieza a acompañar discretamente a los integrantes de la Pastoral de la Diversidad Sexual (PADIS+) nacida al alero de la CVX de Santiago. El contacto con ellos y ellas – según testimonió más de una vez- ayudó mucho a Tony a crecer y ampliar su mirada, de lo cual estaba muy agradecido. De hecho, a lo largo de sus años de sacerdote le tocó dialogar con muchas personas que vivían problemáticamente su pertenencia a la Iglesia, a quienes atendía con especial cariño y preocupación.

En septiembre de 2018, durante el paseo a un cerro con amigos, sufrió un infarto al corazón que pudo ser atendido con presteza, pero que introdujo cambios drásticos en su vida al tener que dejar el hábito de fumar y seguir un régimen estricto de alimentación, en lo cual fue extraordinariamente cumplidor hasta el escrúpulo. La salud pasó a ser una preocupación constante en su vida. Y ese segundo semestre lo vivió en un departamento de la casa de los teólogos con otros dos compañeros respondiendo así a una nueva petición de la Compañía por una situación excepcional mientras mantenía su trabajo en Revista Mensaje, la UAH y su apoyo a la PADIS+.

En 2019, nuevamente respondió a una urgencia de la Provincia y asumió como ministro y ecónomo de su comunidad, la Casa San Ignacio, a la vez que ejercía como director de Mensaje. El nuevo provincial, P. Gabriel Roblero SJ, le propuso hacer un cambio bastante significativo e ir a trabajar fuera de Santiago, a otra región de Chile, por primera vez en los 45 años de su vinculación la Provincia chilena. Lo enviaba a Antofagasta a colaborar en la Universidad Católica del Norte, fundada por la Compañía a fines de los años 50’ y entregada posteriormente a la Arquidiócesis de Antofagasta, misión que recibió con ilusión. Ejerció como director de Mensaje hasta el mes de abril de 2020, pero quedó detenido en Santiago debido a la pandemia de coronavirus que impedía viajar. Por lo demás, fue “oficialmente” el primer jesuita en Chile que se enfermó de coronavirus, del cual pudo recuperarse sin dificultad después de una larga cuarentena. Recién el 4 de junio pudo trasladarse a su nueva comunidad anexa al Colegio San Luis. Se encontró con una Universidad funcionando online. No obstante, pudo tomar contacto con el Departamento de Teología y con la Pastoral de la Universidad que serían sus campos de trabajo. En el lapso que estuvo en la ciudad fue muy bien recibido, hubo numerosas peticiones de servicio y el panorama de trabajo era promisorio. Sin embargo, todo quedó truncado por la aparición de un cáncer que lo obligó a trasladarse a Santiago, a la Enfermería de la Provincia, para mayores análisis. Resistió admirablemente bien la posterior quimioterapia, tanto desde el punto de vista físico como psíquico, y la operación quirúrgica posterior de la cual se recuperó bien. Durante parte de este tiempo en la Enfermería continuó con su trabajo de escritor, prestó algunos servicios online a la Universidad Católica del Norte y también respondió a encargos que se le pidieron desde la Curia Provincial. Entusiasmado se aprontaba a viajar a Antofagasta el 22 de diciembre, pero dos días antes su médico tratante le comunicó que en el examen de rutina habían aparecido metástasis y que el pronóstico era bastante malo.

De los ocho jesuitas que vinieron a trabajar a Chile desde 1963, Tony es el único que todavía está en la Provincia a la cual pidió ser jurídicamente transcrito hace algunos años. Malta fue una Provincia que envió muchos misioneros al exterior. Tony Mifsud SJ y Tony Calleja SJ, al terminar su magisterio pensaban ir a algún país de África, pero diversas dificultades en esos países, la invitación de Arrupe a ir a América Latina y la presencia de otros malteses en Chile hizo que al final ambos vinieran a nuestra provincia. Tony Mifsud pertenece a una generación que le tocó cubrir muchas necesidades en momentos en que había numerosas vocaciones en Chile y parte de sus variados servicios se inscriben dentro de estas urgencias. Pero es indudable que el envío a doctorarse en Teología Moral marcó buena parte de su vida jesuita y lo transformó en escritor prolífico de libros, artículos e informes, en un profesor muy solicitado, aunque deseoso siempre de tener más tiempo para investigar y producir. Pero no se lo puede encasillar en la categoría de un “intelectual” puro, pues siempre parte de su corazón estuvo volcado al contacto pastoral mediante el diálogo de persona a persona, el acompañamiento de algunas comunidades que le fueron muy queridas, el servicio de los ejercicios espirituales y el diálogo con otros especialistas de las ciencias sociales o de la teología sobre puntos candentes del acontecer nacional o eclesial. A lo anterior agregó la serie de servicios de variada especie que le pidieron la Compañía y la Iglesia, tanto en Chile como en el exterior, y que siempre estuvo dispuesto a prestar con generosidad sacrificando sus propios intereses.

Tony, escritor prolífico y pastor sensible a los dolores ajenos, atento a los cambios de la cultura y servidor de la Iglesia, muchas veces formador y otras tantas, alumno; falleció a los 72 años de edad, de los cuales fue sacerdote 42 y 57 fue miembro de la Compañía de Jesús. Descansa en paz.

Su misión con la Compañía de Jesús: