Justicia, misericordia y fe
Hno. Tomás Villalobos H.
Clérigos de San Viator.
La llegada de Jesús a este mundo no estuvo exenta de dificultades. Una de ellas es la primera respuesta de José ante la noticia de que María esperaba un hijo, cuando todavía ellos no habían vivido juntos.
José es un hombre justo y podría haberla denunciado públicamente, tal como la Ley se lo permitía. Sin embargo, opta por abandonarla en secreto, evitando así exponer a la joven madre. Por esto sabemos que José no solo es una persona que actúa bajo el criterio de la justicia, sino que también incorpora el criterio de la misericordia en su vida.
Aunque la justicia y la misericordia son dos virtudes fundamentales, pareciera que estas por sí solas no fueron suficientes para que José aceptara a María y, por consiguiente, al Niño en su casa. Lo que genera el cambio en la actitud de José es la aparición del Ángel del Señor en sus sueños. José cree al mensajero de Dios cuando le explica lo que ha ocurrido en María y cómo la profecía de Isaías estaba llegando a su cumplimiento. José es un hombre justo, misericordioso y con una fe profunda en el Dios de la vida.
También nosotros, en la búsqueda de una sociedad más fraterna y en la que el desarrollo alcance verdaderamente a todos (especialmente a los más necesitados), no estamos llamados solo a apelar a la justicia y a la misericordia, sino también a integrar una mirada de fe sobre la realidad, que nos permita discernir, actuar con esperanza y reconocer la presencia de Dios en medio de la historia.
En un mundo donde las ideologías políticas y los discursos sensacionalistas intentan empujarnos en determinadas direcciones, los católicos debemos recordar que el proyecto salvífico de Dios no cabe en nuestros pequeños esquemas mentales: el Señor se manifiesta muchas veces de manera inesperada y su divina providencia nos desafía a confiar en su voluntad, abandonando nuestras viejas seguridades. Volvamos a pedir una vez más: “Señor, aumenta nuestra fe”.

