EL VIENTO SOPLA 2022EL VIENTO SOPLA DONDE QUIERE

Comentario Evangelio Domingo 20 de Febrero

Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso
(Lc. 6, 27-38)

Hna. Rossina Jopia, op
Misioneras Dominicas del Rosario

El Señor Jesús, una vez más nos viene a mover el piso de nuestras seguridades, ideas, y miradas de la vida. Precisamente acogiendo esta Palabra desde esta nueva realidad que estamos viviendo como humanidad, en la cual se hace casi una utopía eso de amar y de hacer el bien a nuestros enemigos, en contra posición de la violencia, delincuencia, agresividad, narcotráfico, portonazos, amenazas de guerras, donde muchas veces mi próximo se ve como una amenaza de contagio, y qué decir de la crisis migratoria en el norte del país y todas sus consecuencias que ha tenido… Remueve el piso de nuestro corazón, pues el evangelio nos pone en una postura de confrontarla con nuestras opciones de vida más fundamentales, con lo cual nos hace preguntarnos de qué modo estoy amando, principalmente aquellas personas que tenemos alejadas del corazón. 

Además, esto nos da pie para preguntarnos ¿cómo estamos viviendo la gratuidad?, que a nivel de racionalidad lo tenemos muy claro, y que en la praxis se nos debilita, pues quizás prima en nuestras relaciones personales lo del intercambio de servicios, dejándonos llevar por la oferta y la demanda, calculando relaciones, amistades…  Jesús, nos viene a recordar y de tomar conciencia de lo fundamental de la gratuidad, como parte esencial del crecimiento y madurez de la persona, de hacernos “ágape” como semilla fecunda del amor, acogiéndolo como el don de Dios sembrado a cada uno de sus hijos e hijas, desafiándonos a dejarnos sorprender por Él en nuestras relaciones cotidianas.

He aquí que toma fuerza, guía, esperanza y sentido el de acoger esta Palabra de vida: «sean misericordiosos como el Padre de ustedes es misericordioso» desde el modo de ser y de actuar del Nazareno, que nos exhorta a soltar nuestros temores, desconfianzas, de mirar a los demás como una amenaza, pues se nos está recordando transitar en la cotidianidad desde un corazón libre de prejuicios, de agresividad, intolerancia, de menos cabo, nos invita y recuerda a vivir intentando reflejar nuestra humanidad desde nuestro talante de ser hijas e hijas del Dios Padre, lo cual es una exigencia de congruencia y coherencia de vida. Y esto requiere facilitar espacios y oportunidades de integración, de diálogo, flexibilidad, escucha y sobre todo desprendimiento y oportunidad de sorprendernos. Sólo preguntémonos ¿cómo estoy viviendo la misericordia en el día a día? Hoy necesitamos vivir la misericordia, desde una actitud de perdonar y sanar el corazón, sólo así viviremos entregándonos por el sueño del Reino de Dios. 

Además, este evangelio nos viene a recordar el sentido que tiene nuestro Bautismo, y que está ligado con esto de saber dar con gratuidad, sin esperar recompensa, y a veces esto no se hace nada fácil, pues estamos inmersos ante un sistema que te bombardea desde la oferta y la demanda… También, nos permite estar conscientes de que pasar haciendo el bien significa denunciar las injusticias, las mentiras, la corrupción, la violencia institucional, los abusos de poder en todas sus expresiones, no se trata de perder el sentido de la crítica y de la denuncia, enraizada en la fidelidad del Padre, la familia, la comunidad y que su norte es el bien comúncimentado en la verdad y justicia.  Que el Espíritu del Resucitado fecunde en nuestros corazones el saber amar, bendecir, orar y perdonar en nuestras cotidianidades de la vida.

el viento