viernes , 1 marzo 2024

Comentario Evangelio 31 de Julio

El Viento (2)

¿PARA QUIÉN SERÁ LO QUE HAS AMONTONADO?

Patricia Villarroel, sscc
Superiora Provincial

Evangelio según San Lucas 12,13-21

Muchas veces las herencias son motivo de conflicto entre los hermanos. Un poco más para uno, algo demás para otro, y se despiertan las envidias, los celos y los egoísmos que rompen la hermandad y la unidad. Es la situación que le presentan a Jesús, quien no está ajeno a una dificultad como esa. Sin embargo, él no cae en la tentación de resolver el asunto. Él no es juez, ni árbitro de nadie. Lo que sí hace el Maestro, es aprovechar la ocasión para una enseñanza que trasciende, con mucho, la herencia en cuestión.

La pedagogía de Jesús no lo lleva a zanjar el problema. Él apunta a la raíz de ese mal, al deseo insaciable de acumular, a la codicia, a la búsqueda equivocada de la felicidad; y entonces, advierte a sus interlocutores sobre la necedad de atesorar bienes y las falsas seguridades de la riqueza. Esta manera suya de responder, ilustrada con la parábola del “rico insensato”, nos cuestiona y nos desafía.

¿Cuántas veces entregamos soluciones, incluso que no nos han sido pedidas; y en vez de ayudar a que el otro descubra sus propias respuestas, nos adelantamos con lo que creemos es la solución a su problema? ¡Cuánta necesidad tenemos, a veces, de hacernos jueces o árbitros de los demás! La primera enseñanza que Jesús nos ofrece en este texto, es justamente a saber situarnos ante los problemas de otros. Preguntar más que responder, orientar más que decidir, enseñar a buscar, ayudar a encontrar,… Cualquier protagonismo en algunos casos, no trata al otro como alguien capaz de resolver sus propios asuntos.

Jesús conduce la reflexión por otro camino. La parábola del “rico insensato” muestra a un hombre que ya tiene lo necesario para vivir muchos años. Su cosecha, abundante, no cabe en sus graneros. Construirá unos silos más grandes, y dedicará el resto de sus años al descanso y la buena vida. La insensatez de su decisión queda de manifiesto, por la muerte que se le viene encima. ¿Para quién será lo que has amontonado? Es la pregunta de Dios.

No cabe duda, de que necesitamos bienes para vivir, y que tenerlos nos da tranquilidad. Siempre es bueno saber que tendremos con qué acabar el mes, el año,… ¡Ojalá todos tuviéramos cada día esa certeza! Pero el hombre rico de la parábola no está en eso. Él piensa en acumular, en amontonar mucho más allá de su necesidad; él decide agrandar los espacios para el acopio de su riqueza, mostrando su codicia, su apego a los bienes que posee. Le ha ido bien en este tiempo, y no hay un gesto suyo de solidaridad con otro, ni le cabe un pensamiento para los demás, para aquellos que no están tan bien. Todo le pertenece y lo quiere guardar.

Allí viene, entonces, la enseñanza de Jesús. ¿De qué sirve acumular riquezas, que no podremos aprovechar? ¿Acaso nos pertenece aquello que rebasa lo que necesitamos? ¿Cuáles son las riquezas, que realmente vale la pena atesorar?

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