P. Gabriel Naranjo Salazar, CM
Misionero Vicentino
La lecturas de hoy proponen, de manera aparentemente inconexa, tres temas: la misión (III), la hospitalidad (I) y el bautismo (II).
La misión (Mt 10, 37-42)
Esta sección cierra la larga enseñanza sobre el envío misionero y el testimonio (4, 17-11, 1), con tres llamadas conclusivas: a) La adhesión radical al Maestro (v 37); b) La identificación total con el Crucificado (vv 38-39); c) La acogida al Enviado (40-42).
1.1. La adhesión a Jesús debe ser tan absoluta y leal que relativice inclusive -claro, sin despreciarlos- , los afectos más caros de la familia: el padre, la madre, el hijo, la hija; se evoca así la radicalidad propia de Lucas (cf 14, 25-33).
1.2. La identificación testimonial con el Mesías implica correr su misma suerte, replicar su muerte en cruz, entregando la vida en nuestras propias cruces, con la seguridad de que así se la gana, porque la muerte es un paso a la resurrección.
1.3. La acogida: a) del enviado, discípulo, es; b) una acogida al Enviado: «El que los recibe a ustedes, me recibe a mí»; b) y, como Hijo de Dios, al Padre: «El que me recibe, recibe al que me ha enviado». Esta triple identificación teológica se expresa también en la secuencia de la acogida: a) al profeta por su misión; b) al justo, por su fidelidad; c) al pequeño, porque es el verdadero discípulo.
1.4. Conclusión: la sacramentalidad de Cristo en: a) el que anuncia porque es discípulo (profeta); b) el que da testimonio porque teme a Dios (justo); c)el que es pobre porque confía en Dios (pequeño).
La hospitalidad (2Re 4, 8-11.14-16a)
Este capítulo narra una serie de milagros del profeta Eliseo, cuyo poder refleja que es hombre de Dios: éste, el segundo, sigue al de una mujer pobre y viuda (vv 1-7), y antecede a la resurrección de un niño (vv 18-37) y una multiplicación de panes (vv 42-44). Los cuatro signos son un presagio del poder de Jesús, el Hijo de Dios.
2.1. El tema primordial conjuga la hospitalidad con la bendición de Dios: a) Eliseo era recibido a la mesa de unos anfitriones extranjeros, sunamitas, «cada vez que pasaba… siempre», y con una «habitación construida en la terraza», con todo lo necesario para que se sintiera en casa y descansara: «una cama, una mesa, una silla y una lámpara»; el espacio era suficiente para hospedar también al criado, Guejazí. b) Éste fue el que sugirió al «hombre santo de Dios» la bendición de descendencia de la mujer, de un «marido anciano»: «El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».
2.2. De destacar la condición familiar de la hospitalidad y el milagro: una mujer y un marido, la promesa de un hijo, una casa con varias habitaciones, la comida.
El bautismo (Rm 6, 3-4.8-11)
El capítulo 6 desarrolla el tema de la vida nueva en Cristo, por el bautismo como inserción en la Pascua del Señor. 3.1. «Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó …, andemos en una vida nueva»: Bautismo y Pascua en el contraste entre muerte y vida, pecado y perdón.
3.2. Pues bien, el bautismo: a) garantiza esta relación gracias a la fe; b) al convertirnos en hijos de Dios nos hace miembros de la familia eclesial; c) y, siendo una acogida a la gracia, garantiza la bendición salvífica de una novedad pascual inagotable.
Sí, temas ‘aparentemente inconexos’, porque la realidad es que: a) el relato misionero del evangelio está cargado de elementos familiares y hospitalarios, como los progenitores y los hijos, y «la bebida de un vaso de agua fresca»; b) el milagro de Isaías, como recompensa a la hospitalidad, corrobora su misión divina; c) el bautismo, meta del envío misionero, refleja una hospitalidad humana a la visita de Dios a la humanidad, y la constituye en familia de los hijos de Dios.
Corroboremos nuestra pertenecía bautismal a la Iglesia, y nuestra participación en la caridad del Papa con los más pobres de la familia humana, con una participación generosa hoy en la Jornada del Óbolo de San Pedro.

