“UN HOMBRE TENIA DOS HIJOS”
Mt. 21,28-32
Hna. Yolanda Guajardo G., HSJ
Hoy 27 de septiembre, la liturgia nos propone la parábola evangélica de los dos hijos enviados por su padre a trabajar en su viña. Tenemos dos respuestas, uno dice que sí, pero después no va; el otro dice que no, pero luego se arrepiente de sus palabras y cumple el deseo de su padre. ¡Jesús y su gran pedagogía!, nos permite reflexionar en nuestro comportamiento cotidiano.
Dios nos llama en diferentes ocasiones a trabajar a su viña, pero tenemos las reacciones de estos dos hermanos (ellos viven dentro de nosotros), porque a veces decimos sí y no cumplimos esa respuesta y en otras ocasiones decimos no y realizamos nuestros trabajos apostólicos con gran esmero.
Jesús sabiamente nos enseña y recuerda que el amor y la humildad son la madre de todas las virtudes. Reconocer que nos creemos buenos y mejor que otros y también actuamos como esos que pensamos que son inferiores a nosotros; requiere humildad y corazón abierto para saber que Dios se fija en el humilde y no en el soberbio y que piensa que sólo lo supera todo.
Los sacerdotes y los ancianos que escuchaban la parábola probablemente eran buenas personas, trataban de ser personas que destacan en el día a día por su buen comportamiento; pero no reconocieron a Jesús como su Salvador y Señor. Ese mismo peligro tenemos nosotros, de creernos buenos por nuestra propia forma de ser y actuar y no poner y tener a Jesús como nuestro centro, promover en los demás el modelo humano de Jesús, que es a lo que estamos llamados, con nuestro testimonio verdadero mostrar a Jesús nuestro Salvador.
Que en este momento social que nos corresponde vivir, podamos reconocer que somos responsables de trasmitir a ese Dios misericordioso, desbordante de amor por la humanidad, que se desarma al ver sufrir a los más pequeños, quiere a los marginados, porque ellos son capaces de entender y reconocer su infinito Amor.
Pidamos este día que no pasemos nuestra vida comparándonos, sintiendo que mis acciones son mejores que las de los otros, ya que Dios medirá el AMOR y HUMILDAD con la cual yo estoy respondiendo a su invitación de trabajar en su viña, para que su Reino se note en el día a día. Que esos dos hijos a los cuales represento sean uno, para poder responder siempre SI, a Dios que me llama porque confía en mí. Un fraternal abrazo a quien lea esta reflexión con carácter de invitación renovada a trabajar en nombre de Dios.

