Domingo del Buen Pastor
Celebrar al Buen Pastor no es recordar una imagen del pasado, sino preguntarnos: ¿A quién pertenece realmente mi oído?
En el ruido ensordecedor de nuestras crisis y urgencias, como vida religiosa estamos llamadas/os a ser el silencio donde la voz de Jesús resuena con nitidez.
No somos dueños del rebaño, sino testigos de una caricia: la de un Dios que nos conoce por nuestro nombre, incluso en nuestras noches más oscuras.
Ser «hombres y mujeres de la aurora», como nos propone la CLAR, es un acto de rebeldía evangélica. Es elegir la luz cuando todavía todo parece sombra.
Es caminar por las sendas del Espíritu con la certeza de que el Pastor no nos guía por caminos trillados, sino por senderos de entrega donde la vida se recupera solo cuando se pierde por los demás.
Para meditar en comunidad:
- ¿Estamos siendo pastores que sanan o simplemente administradores de estructuras.
- Si el Buen Pastor diera hoy su vida por nuestras «ovejas» más heridas (los excluidos, los jóvenes sin rumbo), ¿dónde nos encontraría a nosotros: a su lado o protegidos en el redil?
Señor, danos la audacia de caminar por las sendas del Espíritu.
Que seamos luz de esperanza y que, al escucharte, nuevos corazones se decidan a dar la vida por el Reino. Amén.

