P. Gabriel Naranjo, Misionero Vicentino
(Al concluir el) tiempo de la Iglesia, se celebró la IX Jornada mundial de los Pobres. No siendo “casualidad que la Jornada de los pobres se celebre al final de este año de gracia” el Papa plantea esta relación (entre) la esperanza y los pobres como un llamado a:
2.1. Una animación de la esperanza «con la certeza firme y alentadora del amor de Dios»;
2.2. El reconocimiento del pobre como «testigo de una esperanza fuerte y fiable»: frente a «esperanzas efímeras, una esperanza duradera»;
2.3. La atención espiritual a los pobres porque «la pobreza más grave es no conocer a Dios»;
2.4. El compromiso socio-ambiental, porque «la esperanza sigue señalando como verdadero horizonte de vida el ‘cielo nuevo y la tierra nueva’ (2P 3,13);
2.5. «Las distintas formas de voluntariado» como signos de esperanza, en las obras concretas de hospitales, escuelas, casas-familia, comunidades para menores, centros de escucha y acogida, comedores, albergues… Sin olvidar que «¡la pobreza tiene causas estructurales que deben ser afrontadas y eliminadas!”
Al cierre de este año litúrgico, celebramos la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Este título, que como tal y como reino y reinado aparece en los tres textos y se relaciona con varios sinónimos que lo explican, tiene un alcance conclusivo, recapitulador.
1. David, rey de Judá y de Israel (primera lectura, 2Sam 5,1-3): es figura de Cristo por su condición de rey y pastor,»tu pastorearás a mi pueblo»; porque garantiza la unidad del pueblo: reconocido ya por las tribus del sur, Judá, es ahora aceptado por las del norte, Israel; porque se fundamenta en una relación umbilical y teológica entre él y su pueblo: «hueso tuyo y carne tuya somos… hizo una alianza con ellos, en presencia del Señor»; porque, más que por su pericia militar, se había ganado el liderazgo con su diálogo, su ecuanimidad y su servicio; porque llegó a convertirse en la única esperanza en tiempos de desolación e incertidumbre.
2. «El reino del Hijo de su amor» (segunda lectura, Col 1,12-20): es consecuencia de su «dominio sobre las tinieblas» del pecado; es expresión de su condición de «imagen del Dios invisible, primogénito de toda creatura»;es lugar de su reconciliación ecológica y humana; es realización histórica de su capitalidad eclesial.
3. El reinado de Cristo Mesías (Lc 23, 35-43): tiene como trono la cruz; está marcado por la paradoja de la curiosidad del pueblo, «las muecas de los magistrados», «las burlas de los soldados», el reto irrespetuoso del ladrón malo, y el reconocimiento de su condición de «Mesías», de «Elegido», de «Rey», de «Dios» por parte del buen ladrón, con un «reino» de perdón, de misericordia, de inclusión: «hoy estarás conmigo en el paraíso».
‘Ungiéndole con óleo de alegría, consagraste Sacerdoteeterno y Rey del universo a tu unigénito Hijo… de un reinoeterno y universal: el reino de la verdad y de la vida, elreino de la santidad y de la gracia, el reino de la justicia,del amor y de la paz”

