martes , 14 abril 2026
el viento

Comentario Evangelio 22 de Marzo

Claudia Ximena Lazcano Cárcamo
Obispado de Rancagua

Hoy en un mundo tan convulsionado, somos invitados a contemplar en el evangelio de este quinto domingo de cuaresma: el milagro del amor que trasciende por sobre las fronteras del pensamiento del hombre, sumergiéndonos en una experiencia de fe transformadora. Juan, nos sitúa en la revelación de la autoridad divina de Jesús, la resurrección de Lázaro. Es el séptimo signo que Jesús realiza antes de su sacrificio y será el que desencadenará los hechos de su pasión, muerte y resurrección.

Lázaro está enfermo y su familia avisa a Jesús, Señor tu amigo está enfermo. Lázaro, se sabe en sus últimos momentos, el tiempo del sueño profundo. Es ese Instante que todo ser humano teme, la muerte. Lázaro y sus hermanas sienten miedo, solo pueden pensar en ese lugar seguro que es estar en la presencia de Jesús. Es el momento del silencio, de la espera en Dios, el tiempo que no es el nuestro y de ese sentimiento tan humano de que Dios llega tarde, cuando estás hondamente afligido. Si hubieras estado aquí, Señor, mi hermano no hubiera muerto. Hoy el mundo se encuentra en ese instante de silencio, en medio del ruido de la guerra, violencia e indolencia humanitaria que nos afecta, aún cuando no nos demos cuenta. El desafío es creer, confiar por sobre el aparente fracaso, y ser testigos activos del Reino, aunque no siempre el tiempo de Dios coincide con nuestras urgencias, pero siempre concuerda con su plan salvífico.

Jesús recibe la noticia y solo cuatro días después llegará hasta el lugar donde yace su amigo muerto. Esos días de espera para el Maestro significan ser fiel a la voluntad del Padre y a la revelación de su poder, confirmando su mensaje: yo soy la resurrección y la vida. Para Lázaro y sus hermanas es un punto de inflexión en todo lo que creen. Lázaro esperaba al hermano, la amistad con Jesús ha sido un vínculo, que habla de reciprocidad, confianza, respeto mutuo e intimidad. El refugio emocional y espiritual que permite serenidad en la incierta espera. Sus hermanas, las mujeres del duelo, del desconsuelo, de sencilla fidelidad y de fe íntegra. Marta, práctica y concreta, de fe doctrinal que cree en la resurrección en el final de los tiempos, sale al encuentro del Maestro. Ella representa esa pérdida que necesita ser hablada, sentirse escuchada y sobre todo poner en palabras su dolor y su esperanza para comprender el misterio de la vida nueva que Jesús promete. María a diferencia de Marta esta quieta, en casa. Reflexiva, intensamente emotiva, necesita de un llamado, salir de su tristeza para colocarse a los pies de Jesús. Estremecida de dolor, su llanto expresa un duelo entregado, lleno de emociones contradictorias, ante el desamparo cultural como mujeres y la hondura de fe vivida en extremo. Mi hermano lleva muerto cuatro días

Cada integrante de esta familia, nos representa como humanidad; buscando sus propias respuestas ante un miedo que nos paraliza, la muerte. Jesús de cara a la fragilidad más humana, llora. Sus lagrimas son de dolor por su amigo y su familia. Es Dios llorando ante su pueblo de cara al sacrificio de la cruz. Jesús dijo muy conmovido ¿Dónde lo han puesto? Le dicen Ven, Señor, y lo verás. Jesús, estremeciéndose de nuevo, se dirigió al sepulcro. Era una caverna con una piedra delante. Es el lugar habitado por la oscuridad fría, sombría de la muerte, es la brutal orfandad del hombre. Lázaro esta allí en completa y desnuda soledad. Para todos los presentes entorno a Jesús, hay una urgencia de certezas en la fe y esperanza en el desconsuelo. ¿Creer o no creer al Maestro?, al igual que en el mundo actual. Ante tantos signos de muerte normalizados, ante el saqueo de la vida y desprecio por la dignidad del ser humano. Las palabras del evangelio “ya huele mal” cobran sentido. No todos los que han llegado para acompañar a Lázaro y sus hermanas, buscan estar cerca del Maestro, no todos creen…hay apariencias que disfrazan las intenciones y Jesús lo sabe. Pide quitar la piedra, pide que crean con madurez. Demanda de Marta un salto de fe por sobre el dolor o el poder que se revela como milagro. Entonces emerge la pregunta ¿Cómo es la forma de vivir nuestra experiencia con la Palabra, me dejo habitar por ella o aún tenemos resistencia? ¿Mantenemos aún vicios, fe adormecida, miedos a perder seguridades o pequeñas cuotas de poder transitorios? ¿Cuáles serán entonces esos sepulcros personales que necesitan ser resucitados por Jesús?

Somos creyentes en una época de duelos compartidos, de dolores que tensionan, de sepulcros repletos y de Lázaros atados. Hoy como antaño, se necesita la fuerza de la plegaria y el grito; Lázaro, sal fuera, la fuerza del Redentor del Mundo, pone de pie a su amigo, a la humanidad. Entonces ¿Qué piedras se necesitan quitar en tu vida o en la vida de alguien más para que la gracia de Dios pueda actuar?

Dejar actuar a Jesús, es el ancla en medio de la incertidumbre y del caos en todos sus matices. Arroparte en la amistad de su presencia, es nutrir el testimonio fiel, para que el milagro de la redención sea posible y los Lázaros de hoy caminen nuevamente a nuestro lado. Somos llamados a ser Iglesia misericordiada, en escucha atenta de su Señor, a ser comunidad activa y sinodal. Lázaro no puede desatarse solo, necesita de otros para caminar libremente. ¿A quiénes puedes ayudar a desatarse en el mundo de hoy? ¿Quién puede ayudarte a ti? 

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