¿Cómo vivo la gratuidad?
Mt 20, 1-16
Lourdes López, fmm
Desde la infancia hemos aprendido a compararnos con otras personas. Con mis hermanos y hermanas, con mis compañeros en la escuela o en el club deportivo. Crecemos en una sociedad habituada a la comparación y a la competencia.
Cuando entramos a la vida religiosa, muchas veces continuamos en esta misma dinámica sin darnos cuenta que la vivencia de la vida comunitaria debería llevarnos a algo diferente. Y así, me comparo con la hermana que llega antes a la Capilla, o la que tiene buena relación con la gente de la Parroquia o mi hermano sacerdote que es valorado por sus buenas homilías.
Encontramos tantos aspectos para compararnos que olvidamos descubrir la esencia de cada persona.
Probablemente este deseo de compararnos, de competir viene en realidad de una “necesidad” creada en nuestro corazón porque no nos conocemos lo suficiente, porque no nos amamos incondicionalmente. Es decir, necesito la aprobación de otras personas porque no me acepto tal cual soy. Y entonces, todo aquello que mi hermano o hermana tiene o es se convierte en algo que “necesito” para “ser”.
Y aquí tocamos algo esencial, nuestro SER.
Es aquí que podemos entender a los trabajadores de la primera hora, sintiendo celos de quienes han recibido la misma paga casi sin trabajar. Y la pregunta que surge: ¿Qué busco cuando ofrezco mi vida?, en la comunidad, en la pastoral, en la misión, en mi servicio dentro o fuera de la congregación. Delante de Dios podemos revisar nuestras motivaciones: ¿Qué me impulsa a hacer esto o esto otro? ¿Cómo implico mi corazón en cada misión y comunidad a la que soy enviada?
Sí, el Evangelio de hoy nos pone delante de una dinámica muy diferente; la dinámica de la gratuidad.
La dinámica de quienes, se reconocen misericordiadas, amadas y amados gratuitamente, de una manera exagerada y sin razón aparente para ser amados.
Probablemente, hoy se nos regala un tiempo para estar conscientes de aquello que se mueve en el interior, de aquello que nadie ve y que es el motor de mi propia vida.
¿Qué me hace permanecer en esta vida consagrada? ¿Dónde encuentro la vida?

