“¡EL QUE TENGA OÍDOS, QUE OIGA!”
Reflexión del Evangelio según san Mateo (13, 24-43)
Domingo 19 de julio del 2026
Hna. Rossina Jopia Muñoz,
Misionera Dominica del Rosario
A través, del Evangelio de este día, Jesús nos regala su mensaje con tres significativas parábolas, para interiorizar, comprender, confrontar e integrar el sentido que tiene el Reino de Dios en nuestra humanidad. La primera parábola está referida a la semilla sembrada, y que después “alguien u enemigo” esparce cizaña junto a ésta…
La Palabra, nos exhorta a estar consciente, cuando algo está tapando o intoxicando algunas de nuestras actitudes, reacciones y/o relaciones asimétricas que impiden el crecimiento y madurez a nivel personal, interpersonal, en la vivencia comunitaria, pastoral y otros espacios que nutren nuestro desarrollo, y que de alguna u otra manera colaboran en dejar traslucir el Reino de Dios.
Preguntémonos: qué tentaciones, premuras se movilizan en nuestra cotidianidad y/o realidad, y que impiden consensuar en la Vida Consagrada, eclesial y social; es importante reconocer, para mirar, revisar cuáles son nuestras búsquedas y si éstas van en sintonía con el querer de Dios, teniendo presente nuestras luces y sombras, aciertos, coherencias, fragilidades, vulnerabilidades, entre otras actitudes, invitándonos a hacernos responsables de éstas, pues nuestra tendencia, reacción van en la vía de cortar, despejar sin detenernos a discernir, y que se nos desafía a no interferir en el crecimiento del trigo, para no vulnerar la cosecha…
Necesitamos ser cuidadosos y diligentes en reconocer las señales del antirreino, y que nos pueden confundir, por ejemplo cuando se aprueban leyes que favorecen a cierto sector de la sociedad, o se toman decisiones que atentan contra la dignidad de las persona, cuando nos movemos desde los privilegios, y de qué modo nos involucramos en estos procesos y acompañamiento a quiénes están siendo afectados, y trastocados sus derechos…, la clave del Evangelio es definirnos si estamos siendo cizaña o semilla fecunda en la iglesia, en la sociedad civil y congregación.
Lo que muchas veces, vamos constatamos en nuestras propias vidas es que el bien, la construcción esperanzada del reino de Dios, supone esfuerzo, exige atención y cuidado constante, no dejemos que anide en nosotros y en quienes tenemos el servicio de acompañar actitudes que matan la vida como los celos, envidias, injusticias, manipulaciones, infidelidades, entre otras actitudes… Jesús nos pide tranquilidad y tolerancia para extirpar el mal, y así no derrumbar el bien de nuestros corazones.
En el Evangelio, se refuerza esta enseñanza con las parábolas del grano de mostaza y de la levadura, dejándonos sorprender por la sabiduría de Dios, que nos muestra que de lo insignificante y lo no tomado en cuenta, se encuentra la grandeza que acoge, cubre y da cobijo a quien lo necesita.
Este es el modo de ser del Dios de Jesús, actuando desde su profunda humanidad, sosteniéndonos desde su paciencia, compasión y misericordia con nosotros mismos y los demás. Aceptando la levadura en nuestras vidas, aceptando el constante desafío a la conversión y renovación, para ser ofrenda fecunda, nutriendo relaciones humanizadoras, que hacen que broten y fermenten semillas de bondad, solidaridad, alegría, armonía, diálogo, comprensión, apertura y disponibilidad en el servicio y misión que se nos ha confiado.
Que la esperanza anide en nuestra cotidianidad, pues las semillas que son presencia y sobreabundancia de Dios, nos sigan acompañando desde nuestro ser de hombres y mujeres, que apuestan por la construcción del Reino. Bendecida y fecunda semana.

