domingo , 9 agosto 2026
el viento

Comentario Evangelio 12 de Julio

Hna. Ana Luisa Sanhueza, HdM

El evangelista Mateo presenta la figura del Reino de Dios a través de la parábola del sembrador. Jesús utiliza este modo de hablar y enseñar para mostrarnos la belleza, el sentido y el significado profundo de cómo la Palabra Divina transforma el corazón y la vida del creyente. Quien se encuentra con Jesús y deja que su Palabra guíe su existencia se convierte en testigo creíble de los valores del Reino, encarnados en gestos y actitudes que revelan, en lo cotidiano, una vida enraizada en Dios.

En esta parábola, Dios está representado por el sembrador, que sale al encuentro de cada uno de sus hijos mediante la siembra de su Palabra en el corazón humano. Sin embargo, el que cada uno produzca fruto abundante depende de la apertura y disposición del terreno, es decir, del corazón de quienes escuchan, se dejan interpelar y ponen en práctica la Palabra de Dios.

El corazón es el lugar privilegiado de la siembra divina: espacio sagrado del encuentro entre Dios y la criatura, ámbito de la intimidad y de las decisiones fundamentales. Por ello, Jesús, conocedor de la condición humana, señala cuatro tipos de terrenos donde cae la semilla:

El terreno junto al camino

La semilla que cae junto al camino no logra echar raíces y los pájaros la comen. Aquí el enemigo roba lo sembrado, dejando el corazón vulnerable y frágil ante situaciones superficiales y alejado de la verdad plena que es Cristo. Se trata de una fe pasajera, sin rumbo, propósito ni sentido.

El terreno pedregoso

La semilla que cae en terreno pedregoso brota enseguida, pero al no tener raíces profundas, el sol la seca. Representa la fe frágil e inmadura, condicionada por la emoción del momento. A la primera dificultad el entusiasmo inicial se desvanece y el creyente pierde la motivación de vivir la belleza por del Reino de Dios, abandonando el cultivo de una fe sólida y fuerte.

El terreno entre espinos

La semilla que cae entre espinos crece, pero es ahogada por las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas. Aquí la fe se vive de manera superficial, sin profundidad. Ante las dificultades, el creyente se desencanta y se ahoga en sus propias necesidades que pasan a ser el centro y culmen de su existencia, dejando a un lado la fascinación por el Reino de Dios.

El terreno fértil

La semilla que cae en terreno fértil da fruto abundante, porque quienes la reciben escuchan, entienden y practican la Palabra de Dios se gozan de ser testimonios con su vida de los dones del Reino. Es la fe consciente y consecuente, que contagia a otros con su estilo de vida y con la vivencia de los valores del evangelio transformando la cultura y dejando en sus alrededores nostalgia de los bienes futuros y un mundo cada vez más fraterno.

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