“Las Bienaventuranzas”
Sor Fabiola Parra FMSC
Las palabras que la Iglesia nos propone hoy en el Evangelio resuenan en nuestros corazones como una melodía familiar y hermosa. Estamos tan acostumbradas y acostumbrados a escucharlas que, por la belleza que irradian, a veces podemos pensar que pertenecen solo a un “cielo” o a una “eternidad” que encontraremos al final de nuestra vida.
Otros, con un mayor bagaje teológico, las describen como una verdadera “carta de identidad” o un “programa de vida”. Incluso los medios actuales, como internet o la inteligencia artificial, nos ofrecen conceptos que ayudan a explicar e iluminar mejor estas palabras del Evangelio de hoy.
Pero, ¿qué significan realmente para nosotras y nosotros en lo concreto de cada día? ¿Qué dicen a nuestras historias personales, a nuestras comunidades religiosas, a nuestro caminar junto a la Iglesia? ¿Qué nos dicen frente a la realidad de tantos hermanos y hermanas que conocemos —y que encontraremos— en nuestra misión apostólica y evangelizadora, que viven situaciones que quisiéramos transformar llevando consuelo, esperanza y ayuda?
Estas palabras son tan fuertes que nos desestabilizan, nos provocan. Nos hablan de una radicalidad que sobrepasa nuestras propias fuerzas, pero al mismo tiempo están llenas de una serenidad que susurra en medio del caos: “Estoy contigo”.
Estoy contigo en tu vida diaria, en la vida de nuestro pueblo y en sus sufrimientos; estoy contigo en la construcción de la justicia y de la paz, en la pureza de los corazones y en la misericordia ofrecida, incluso cuando parece que los nubarrones no dejan pasar ni un rayo de luz y solo queda aferrarse a la esperanza.
“Estoy contigo”. Por eso, siéntanse felices, porque yo camino con ustedes.

