EL VIENTO SOPLA 2022EL VIENTO SOPLA DONDE QUIERE

Comentario Evangelio 01 de Mayo

¡Es el Señor!
San Juan 21, 1- 14

Hno. Ramón Gutiérrez Pavez
Religioso Asuncionista

Nuevamente se presenta Jesús a sus apóstoles. La escena es como una excelente “producción artística”, como diríamos ahora. La figura de Jesús, de pie a la orilla del lago de Tiberíades, al amanecer. Juan no podía estar equivocado, él reconoce al Maestro. Y el texto, hermanas y hermanos consagrados, nos tiene presentes a nosotros… Sí, el número 153, eran las naciones conocidas en ese tiempo y nosotros ya estábamos en la mente de Dios.

Es muy alentador saber que los apóstoles llevaron la Buena Nueva a esas naciones, o sea, a nosotros.

La escena es poética, encantadora, da deseos que se prolongue y, Jesús la prolonga comiendo con sus amigos, cosa que sigue haciendo hasta hoy en la Eucaristía, donde se nos regala él mismo como alimento.

La Vida Consagrada en la actualidad tiene un rol insustituible: hoy, en todo el mundo, las religiosas y los religiosos estamos invitados a ir en la cabeza de la marcha por un mundo mejor y feliz. Las sombras de la cruel guerra de Rusia-Ucrania, no pueden opacar nuestro anhelo de felicidad compartida con todos.

Estamos lejos del lugar del conflicto, pero no ajenos. Y una de las peores cosas que nos puede suceder es que nos acostumbremos a la guerra y que ya no nos impacten ni duelan las noticias que de allá recibimos. Los MCS, en Chile, ya van bajando la nota informativa. Ya no es noticia, ya es algo “normal”… Esto es una brutalidad.

El viento sopla donde quiere, a cada uno-a nos corresponde colocarnos frente a la ventolera… No es dañina, no provoca mala salud; al contrario, el viento del Espíritu de Jesús multiplica alimentos y sana nuestras heridas.

Francisco, el Papa, nos está llamando hace ya tiempo a la sinodalidad, esa forma de vida de las primeras comunidades cristianas que, por exceso de celos de poder y de otros males, se fue perdiendo en la historia de la Iglesia. La Vida Religiosa debiera ser experta en sinodalidad, así lo han sido los primeros consagrados y consagradas de la historia. Para esto tenemos que desterrar formas añejas y estructuras opresoras. El lenguaje debe cambiar radicalmente. Somos hermanos y hermanas, todos y todas. No hay nadie superior a nadie, no hay señores ni señoras que con mirada inquisidora se coloquen sobre sus hermanos.

En la Vida Religiosa, a algunos se les encomienda, en forma transitoria, la tarea, el servicio de animar a sus hermanos. Por condición humana nos tomamos tan en serio esos servicios que creemos que son eternos y que nos han sido otorgados porque somos más que los que nos rodean.

A la orilla del Tiberíades, Jesús se aparece como el hermano y el amigo que sirve, anima, sorprende y para desconcertarnos aún más, se nos hace el invitado a la comida. ¡Vaya confianza que tiene con sus discípulos! En esta aparición llega al desayuno… Eso significa que estará toda la jornada con nosotros.

Y así es, desde el amanecer hasta cuando se oculta el sol, el Maestro está con nosotros. ¿Cómo entonces, pueden fallar nuestras fuerzas y nuestros anhelos por cambiar el mundo? Porque eso soñamos en la juventud.

Desde siempre se produce en nosotros una tirante situación: ¿Somos consagrados- as para hacer cosas o para ser testigos? La vida nos enseña que esta dicotomía puede ser tan tentadora como perversa. Nos arrastra a dividir y a vivir divididos.

         Jesús no cambia su estilo en las comidas y, con ellas, nos une:

“Vengan a desayunar —les dijo Jesús.

“Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres tú?”, porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio a ellos, e hizo lo mismo con el pescado”.

Estamos en un momento privilegiado, con un Papa que nos conduce por caminos fraternos y con una sociedad que nos ignora. ¡Es el momento para trabajar con tranquilidad haciendo el Reino! Haciendo santas y santos y convirtiéndonos nosotros en santos y santas, según sea el caso.

el viento