“Alegremente transformados para anunciar la Buena Nueva de Jesús”
Estamos viviendo el 2° Domingo del tiempo de Cuaresma; tiempo de gracia y una invitación a dejarnos interpelar por el Señor que haciendo morada en medio nuestro, quiere hacer de la relación con Él, un espacio donde podamos decir “que bien se está aquí”.
La liturgia de este día nos presenta el conocido y conmovedor relato de la Transfiguración de Jesús, el cual podemos observarlo como un acontecimiento clave que no solo revela la gloria divina de Jesucristo, sino que también nos interpela a mirar la profundidad de nuestra vida de fe y a su vez nos convoca a una transformación personal de cara al Señor.
Cuando Jesús sube a la montaña con los discípulos Pedro, Santiago y Juan, nos muestra la importancia de retirarnos a lugares de silencio y contemplación. Es claro que vivimos inmersos en medio de ajetreos y tantas veces nos cuesta abstraernos del sinfín de actividades que ameritan nuestra presencia y obrar. Precisamente allí está la interpelación del Señor Jesús, pues en nuestras rutinas y desafíos diarios, la montaña simboliza ese espacio sagrado donde podemos encontrarnos con Dios; es allí donde la voz del Padre se hace escuchar con fuerza y nos revela el verdadero rostro de Aquél en quien hemos puesto nuestra confianza: “Este es mi Hijo, el amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”.
Este llamado a escuchar a Jesús es fundamental para nuestra vida como consagrados. No solo se trata de oír, sino de permitir que su Palabra, sus enseñanzas transformen nuestros corazones, nuestra interioridad llamada a volcarse hacia Él. En un mundo que a menudo nos distrae con su ruido y sus preocupaciones, es crucial encontrar esos momentos de soledad y reflexión que nos permiten conectar profundamente con el mensaje del Evangelio, con la Buena Noticia de Jesús.
La Cuaresma, no es meramente una experiencia eclesial teñida de penitencia, sino eminentemente es un tiempo de conversión. Y la experiencia de los apóstoles en la montaña nos muestra una enseñanza clara en ese sentido, es un evento ejemplificador para nuestra vida como discípulos del Señor, pues la Transfiguración no ahorra el dolor o lo que significará el sufrimiento en el camino de quien ha decidido seguir a Jesús, es más bien el momento donde se carga la vida de esa necesaria fortaleza para afrontarlo. Por lo tanto, nuestra vida como consagrados debemos apreciarla en esta dinámica de un seguimiento alegre, y lúcido en la conciencia de los momentos de cruz que se viven y que estamos llamados a significarlos desde el que se muestra en su gloria ante cada uno de nosotros.
Así mismo, y al igual que los apóstoles, también nosotros estamos llamados a salir de nuestra zona de confort. La vida religiosa es un precioso y apasionado camino de entrega, y así mismo somos conscientes que tampoco es un camino sencillo; en no pocas ocasiones las contradicciones o momentos de aridez son parte de esa ruta que transitamos. La Cuaresma es una invitación a mirar de frente esas realidades, nuestras limitaciones y nuestras luchas, pero siempre con la certeza de que estamos acompañados por la luz y la gloria de Cristo, que se nos muestra y nos da fuerzas para seguir.
La revelación de la gloria de Jesús en la montaña es un recordatorio de que, en nuestra vida de oración y en nuestra vida comunitaria, podemos experimentar encuentros transformadores. Cada vez que celebramos la Eucaristía, como este Domingo, cada vez que nos reunimos en oración, podemos encontrar ese destello de gloria que cambia nuestra perspectiva.
Finalmente parece relevante advertir que Del mismo modo que la Palabra de Dios nos interpela desde la ternura y esplendor del transfigurado, es momento de reflexionar sobre cómo podemos ayudar a otros a encontrar esta luz en su propio camino. ¿Estamos siendo verdaderos portadores de la luz de Cristo en nuestras comunidades? ¿Cómo podemos ser instrumentos de esperanza y amor en un mundo que necesita tanto?
Recordemos que la Transfiguración es un adelanto de lo que está por venir; de esa promesa que Dios siempre cumple. Es hoy donde se nos vuelve a recordar que la gloria de Dios se manifiesta auténticamente en la entrega y en el amor.
Al ir caminando hacia la Pascua, que esta Cuaresma sea un tiempo de profundo encuentro y transformación, donde podamos escuchar más atentamente la voz de Jesús y permitir que su luz brille en nuestras vidas diarias.

