En el marco del aniversario de la fundación de la Orden de la Merced, este lunes 10 de agosto el Colegio San Pedro Nolasco de Vitacura celebró sus 140 años de historia con la Eucaristía central del aniversario, en la que toda la comunidad escolar celebró unida en torno al altar.
Presidió la celebración Monseñor Alberto Lorenzelli, obispo auxiliar de Santiago, acompañado por el P. Ramón Villagrán, Superior Provincial de la Orden de la Merced en Chile, y el Fr. Daniel Hossi Mendoca, Vicerrector Pastoral de nuestro Colegio, junto a otros religiosos mercedarios como Monseñor Cristián Contreras, el P. Anselmo Espinoza y el P. Alexandre Mateus, entre otros.
Un gran marco de participación acompañó la jornada: apoderados, egresados de distintas generaciones y toda la Comunidad Nolasquina se unieron para dar gracias a Dios por estos 140 años de historia, fe y libertad.

En su homilía, Monseñor Lorenzelli recordó que celebrar 140 años no significa quedarnos mirando fotografías antiguas, sino reconocer que somos una comunidad viva: «El Evangelio está vivo. El carisma de San Pedro Nolasco está vivo. La misión está viva. Y el futuro todavía está por escribirse.» Recogiendo la imagen de la primera lectura, subrayó que Dios no es un Dios distraído ni lejano: «Dios ve. Dios escucha. Dios conoce. Dios se acerca», como Pedro Nolasco, que vio el sufrimiento de quienes habían perdido su libertad y no pasó de largo. Desde allí interpeló a los estudiantes con una pregunta: después de 140 años, ¿qué estamos llamados a ver nosotros? Quizás un compañero que está solo, alguien dejado de lado o una familia que atraviesa un momento difícil.

Recordó también que la libertad que propone Jesús «nos libera para amar», del egoísmo, de la indiferencia y de la necesidad de quedar siempre por encima de los demás, y llamó a esta generación a mirar las necesidades de su tiempo y a defender la dignidad de cada persona.
Al alero de Nuestra Madre de la Merced, damos gracias por estos 140 años de historia y renovamos nuestro compromiso de seguir escribiendo, junto a Dios, las páginas que aún faltan de esta hermosa historia.

