En el marco de sus 60 años de vida, la  Confederación Caribeña y Latinoamericana de Religiosas y Religiosos realizó un nuevo Encuentro de Presidencias de las Conferencias Nacionales de América Latina y El Caribe y de las Secretarias, Secretarios en Chile. El ícono de las Bodas de Caná, marcarán los desafíos para este nuevo trienio de la Vida Consagrada.

Equipo Comunicaciones
CONFERRE

Más de 50 religiosas y religiosos, de 22 países de América Latina y el Caribe, se reunieron  entre el 16 y el 21 de marzo en la Casa de Ejercicios de los Domínicos, en Las Condes, para vivir el XLVI Encuentro de la Junta Directiva de la CLAR, de las Presidencias de las Conferencias Nacionales de América Latina y El Caribe y de las Secretarias, Secretarios.

Una instancia de profunda reflexión y fraternidad de la Vida Consagrada que buscó establecer las principales líneas de acción y las orientaciones para los próximos tres años. Todo,  en el contexto de la celebración de los 60 años de la CLAR, como un actor fundamental en el acompañamiento y coordinación de la Vida Religiosa en la región.

En esta línea, se tomó el ícono de las Bodas de Caná como fuente de inspiración para acompañar los clamores del mundo hoy, con una mirada particular a la realidad que también vive la Iglesia. “Hagan lo que él les diga”, es el texto que acompañará el caminar de las religiosas y  religiosas en este período.

De ello, se definieron seis líneas de acción  que orientarán el caminar de la Vida Religiosas.  Centrados, principalmente en las necesidades de la región. “Todos los gritos de la realidad sentíamos que nos aturdían con fuerza y que teníamos que responder a ellos. La situación de los Migrantes, por ejemplo, nos exige seguir siendo Vida Consagrada en salida. El nuevo modo de ser Iglesia es el desafío fundamental y la construcción de nuevas relacionalidades, de nuevos modos de encuentro y de afectos, de participación”, indicó la Hna. Liliana Franco, odn, Presidenta de la CLAR.

En esta línea, para el P. Héctor Campos, OFM Cap, Presidente de CONFERRE, este encuentro “ha sido muy alentador. La CLAR no ha animado con este ícono de las Bodas de Caná que nos dice que lo que ya hemos vivido hay que ponerle vino nuevo y eso viene de parte del Señor. Dentro del horizonte que nos plantean, hay unos aspectos que son muy importantes para nosotros. El primero es  seguir dándole sentido a nuestra Vida Consagrada  y el segundo el poder lograr una Iglesia nueva. Esta Iglesia nueva es en comunión, acompañando y dejándonos iluminar por los laicos y las mujeres que han sido claves en este último tiempo”.

IGLESIA CHILENA

Este encuentro de la CLAR también se da en un contexto particular de la Iglesia chilena y han querido hacer un gesto de fraternidad y solidaridad al hacer su encuentro acá. Con una mirada en acompañar las inquietudes de la Vida Religiosa chilena frente a las diversas situaciones de abuso y, especialmente, en el dolor de las víctimas, se ha querido realizar está jornada en el país. “Por eso tomamos la decisión de venir aquí, como una manera de decir: ustedes no están solos, estamos con ustedes.  Estamos juntos”, afirmó la Hna. Liliana Franco.

“Ellos han comprendido la crisis que estamos pasando, que también es una crisis que es transversal en toda América Latina. Quizás nosotros hemos sido más publicitados, pero es una crisis generalizada. En esta crisis tenemos que crecer. En esta crisis, el ícono de las Bodas de Caná, nos ayuda a empezar un nuevo tiempo”, agregó el P. Héctor Campos.

EVALUACIÓN

Como un “Tiempo de Dios”, como un verdadero Kairós se definió el desarrollo de este encuentro que concluyó con una eucaristía de acción de gracias, presidida por Mons. Santiago Silva, Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, en la parroquia San Vicente Ferrer, en Las Condes.

Para el presidente de CONFERRE, esta jornada representó una oportunidad de real encuentro con Jesucristo y con los hermanos, con el desafío de renovar la vida y estar a disposición de las necesidades del mundo. “En estos encuentros lo más provechoso es estar, el escucharse, el acogerse. El darse cuenta de la cercanía, de la alegría. La vida consagrada es feliz porque tiene alguien que la sostiene y que la guía que es Jesucristo. Y eso se nos olvida de repente, por todas las dificultades que tenemos, saboreamos demasiado la amargura, pero este es un impulso para seguir apoyándonos en la CLAR que ha sido una instancia para América Latina muy positiva, desde el punto de vista teológico. Siempre nos ha dado pistas muy certeras para asumir nuestra vida consagrada hoy”, concluyó.

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