Noemi

La ex Coordinadora del Centro de Estudios CONFERRE y miembro de la Junta Directiva realiza una mira agradecida de su periodo en la Conferencia y del rol que, hasta ahora, ha jugado la Vida Religiosa, particularmente frente a las situaciones de injusticia social que han enfrentado. “ Los pasos que hemos dado sirvan para vivir más auténticamente nuestra consagración. Tener buenas relaciones entre hermanos y hermanas dentro de nuestras comunidades consagradas y no dejar de lado lo que ha enriquecido tanto las relaciones intercongregacionales”, indica.

Comunicaciones CONFERRE

Nacida en la ciudad de Concepción, la hermana Noemí Flores Arratia, se trasladó muy pequeña con sus padres a vivir en Santiago. Su familia la conforman cinco hermanas mujeres y ocho hermanos varones.  De origen sencillo, recuerda el cariño y la preocupación que le entregaron sus padres en la crianza hogareña.  A los 11 años ingresó al internado de María Auxiliadora de las hermanas Salesianas, “de quienes tengo hermosos y ejemplares recuerdos”, recuerda. 

Asus jóvenes 18 años, la Hna. Noemí ya trabajaba como auxiliar de enfermería en una pequeña clínica Alemana. Fue allí que un día se encontró con unas religiosas que se encontraban realizando  un censo parroquial. Como ella estaba a cargo del personal, fue la encargada de atenderlas y entregarles los datos.  Entre conversa y conversa, la Hna. Noemí les comentó su anhelo de cumplir los 21 años de edad para entrar a un convento. Fue de esta manera que las religiosas la invitaron a su casa central,  para conocer más de su estilo de vida. Fue allí en donde le presentaron a unas postulantes, entre las que se encontraba una ex compañera de colegio.

Tras este episodio, recuerda, pasaron muchas cosas lindas y  le propusieron entrar unirse a la congregación, sin el permiso de sus padres. De este modo, recibió el llamado de Dios e ingresó un 14 de febrero de 1964 a la Congregación “Hermanas de la Preciosa Sangre” (Norteamericana). Con el tiempo sus padres aceptaron su decisión y quedaron muy contentos al ver a su hija feliz con su vocación.

En este contexto, ¿Cuál es la evaluación que hace de la Vida Religiosa, particularmente de CONFERRE, en sus primeros años como consagrada?

En la Vida Religiosa en los años 64 a los 70 fuimos bendecidos con muchas vocaciones religiosas. En los 80, fueron ingresando más jóvenes a Conferre y se vio la necesidad de que un equipo acompañara a las postulantes y novicias. Con esta experiencia con otras formadoras iniciamos en Conferre encuentros para conversar sobre la formación inicial. Luego acordamos tener un Proyecto de estudios para postulantes y el equipo con total gratuidad inició el proyecto para dos días de formación y luego se vio la necesidad de que fuera por la semana completa. Con el tiempo, sentimos que era necesario unificarnos Intercongregacionalmente y fue cuando tomo cuerpo el “Centro de Estudios Conferre”.  Hubo muchas iniciativas de parte de los formadores y formadoras.
En los años 1996 al 2002 fui Coordinadora del Centro de Estudios CONFERRE y miembro de la Junta Directiva. La Vida Consagrada en este periodo fue de muchas experiencias con grandes riquezas humanas y espirituales. Especialmente se vivió con gran interés los talleres que fueron siendo requeridos por los formadores y alumnos, mirando en el momento las falencias de los jóvenes en las áreas del conocimiento de sí mismos con el ENEAGRAMA, afectividad y sexualidad todo lo anterior muy relacionado con la espiritualidad de cada Congregación

¿Cuáles eran los principales temas o clamores que preocupaban a VC?

Se fue tomando conciencia de ser más activos en las situaciones sociales y políticas del tiempo, siendo siempre un apoyo para los momentos de acompañar a los que sufrían pobrezas, miserias e injusticias. Teníamos muy claro en esos momentos que la Iglesia y gran parte de los religiosos y religiosas, debíamos denunciar estas injusticias.  Pero al hablar de estas situaciones de miserias; de los sueldos injustos, fuimos descubriendo que todo quedaba en un discurso, porque gran parte de nuestros trabajadores (no profesionales) ganaban una miseria y eran explotados en sus horarios, por lo cual tratamos de ir corrigiendo estas situaciones. En este periodo la vida religiosa fue tomando conciencia de la humanidad y dignidad de los demás y en especial de sí misma.

«Invito y sugiero a la vida religiosa vivir cada día agradeciendo al Señor por nuestra vocación y por nuestras congregaciones que son santas y pecadoras. En estos tiempos en que hemos pasado por el dolor y la decepción debemos ser como María seguir a los pies de la Cruz mirando al Señor».

¿Hubo muchos obstáculos?

No fue un periodo fácil con la Jerarquía Eclesial del momento, porque fuimos desarrollando las diferentes instancias como la formación mixta, celebraciones litúrgicas y fiestas de los jóvenes. Lo que nos sirvió para crear fraternidad y dialogo con la Comisión Mixta del tiempo.
En cuanto a las Consagradas, creo que hay un poco más de oportunidades, se reconoce sus capacidades y lo transcendental que ha sido en la historia consagrada y también en la historia social.
Hoy  somos menos religiosos y religiosas, pero siento que estamos más claros de lo que somos o deberíamos ser, hombres y mujeres consagrados a Dios y a su Iglesia siendo portadores de reconciliación, sanación y misericordia.

¿Cuál sería su mensaje para la Vida Religiosa hoy?

Invito y sugiero a la vida religiosa vivir cada día agradeciendo al Señor por nuestra vocación y por nuestras congregaciones que son santas y pecadoras. En estos tiempos en que hemos pasado por el dolor y la decepción debemos ser como María seguir a los pies de la Cruz mirando al Señor.
Ver el pasado como una experiencia que nos lleva a ver al mundo tal cual es y seguir amando, vivir como religiosos adultos con capacidades de discernir y saber levantarse y continuar y no abandonar la intimidad con el amado. Los pasos que hemos dado sirvan para vivir más auténticamente nuestra consagración. Tener buenas relaciones entre hermanos y hermanas dentro de nuestras comunidades consagradas y no dejar de lado lo que ha enriquecido tanto las relaciones intercongregacionales que nuestra sencillez y humildad sea purificado por el amor de Dios.

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