El Viento (2)

Hoy ha llegado la salvación a esta casa

Hna. Sandra Henrríquez, CM.

Evangelio según San Lucas 19, 1-10

Con que fuerza la Palabra nos sigue insistiendo en la universalidad y potencia de la misericordia de Dios. Ya desde la primera lectura (Sab 11,23-12,2) la compasión aparece como “esa forma de ser y actuar de Dios” no sólo con el ser humano, sino con todo lo creado, te compadeces de todos porque todo lo puedes… amas a todos los seres… y todas las cosas, porque son tuyas, amigo de la vida.

Que bien nos viene a nosotros y nosotras vida religiosa, reconocer como signo de misericordia divina la amistad, esa que devuelve la vida y no se detiene en el comportamiento moral porque cree en la persona por sobre todas las cosas, en su potencial y en su posibilidad de conversión; una amistad que corrige poco a poco porque está cimentada en el amor. Somos llamados a ser amigos y amigas de la vida. El cómo es lo que nos propone el relato evangélico.

  1. (Zaqueo)Trataba de ver quién era Jesús; se adelantó, corrió y se subió a un sicómoro; También nosotros y nosotras, en medio de nuestra realidad personal, comunitaria, congregacional y eclesial, somos invitados/as a ver (profecía) por dónde va pasando Jesús, quién es, y procurar encontrarse con su mirada, para eso tenemos que estar siempre atentos/as, en movimiento, con los ojos fijos.
  2. Era de pequeña estatura; También nosotros/as nos empequeñecemos cuando las dificultades, nuestras debilidades y pecados nos van encorvando, debilitando la llamada, los propósitos y anhelos. Muchas veces nuestras pequeñeces cotidianas son un impedimento para ver el Dios amigo de la vida.

La dinámica espiritual siempre nos ubica en esta doble tensión; Lo nuestro es siempre tratar de ver, “subir al árbol”; y lo de Dios, fijar su mirada en nosotros, ofrecernos su amistad, hacernos bajar y quedarse en nuestra casa.

Conviene que hoy me quede yo en tu casa. Hoy ha llegado la salvación a esta casa: Un HOY que ya sabemos, el Kairós, esa irrupción de Dios que salva no sólo a la persona sino toda su casa, es decir, ¡toda la realidad!, con repercusión universal. Un HOY cumplido en Jesús, rostro del Padre, amigo de la vida, que nos busca y quiere salvarnos. Esto debiera empujarnos a vivir nuestra consagración y la misión que de ella se desprende.

Signos de esa IRRUPCIÓN:

  1. Se apresuró a bajar y le recibió con alegría: El aprisa y la alegría son signos de que el Reino está entre nosotros. ¡Cuánta premura y alegría nos falta para bajar al encuentro de la vida! ¿Será que no hemos subido aún al árbol donde la conversión se desencadena con la mirada de Jesús? ¿Será que hemos dejado de buscar, correr y desencadenar la creatividad para el encuentro que estalla en alegría?
  2. Ha ido a hospedarse a casa de un pecador: Para que alguien se hospede en nuestra casa tenemos que dar hospitalidad, sabernos frágiles, ser pobres, querer dejarnos convertir por otros y tener la puerta abierta, sin miedos.
  3. Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más: Desborde de generosidad, la casa llena con la fragancia del perfume derramado, los pobres y las nuevas pobrezas; las nuevas exclusiones como primacía del Reino, como criterio de nuestro accionar, ¡ellos/as son nuestra nueva estatura! ¡Y quieren entrar en nuestras casas para derramar sus perfumes!
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