Evangelio Jn. 6, 1-15

Hno. Clenic Muñoz
Hermanos Menores Capuchinos

El Evangelio de hoy nos cuenta cómo Jesús multiplicó los pocos panes y peces de un joven, para dar de comer a una multitud. Se dice que eran cinco mil hombres, sin contar a las mujeres ni a los niños. Era gente desesperada que buscaba a Jesús para calmar sus necesidades. Quizá por eso habían abandonado sus casas y se habían lanzado al desierto a seguir a aquel predicador. Le seguían esperando quizá encontrar una palabra de aliento, algo que les infundiese nueva esperanza.E

El milagro de Jesús consiste en el enseñarnos a compartir… Lo que tenemos, pero sobre todo lo que somos. Jesús hace de esa gente, una comunidad que se sienta a compartir, los transforma en una fraternidad… en una familia. Jesús les hace descubrir que, al compartir el pan, se empieza a vivir de una forma nueva, que el bienestar del otro es la condición de mi bienestar, que en familia es mucho más fácil satisfacer la necesidad y que termina por sobrar pan.

Con este milagro, Jesús da esperanza a los desesperados, reúne a los dispersos y nos constituye como fraternidad (Comunidad) Con este milagro, el Señor nos muestra cómo debemos actuar sus discípulos: vivir unidos en el amor. Esto significa vivir sirviendo, compartiendo lo que tenemos y lo que somos; vivir perdonando, superando el odio que mata y destruye.

En el evangelio de este domingo el Señor nos llama a compartir con alegría y gozo lo que tenemos y poseemos; estamos llamados a hacernos conscientes de las necesidades de nuestros hermanos, pero a la vez hacernos conscientes de lo que tenemos para compartir. A no hacernos indiferentes de lo que le sucede a quien está a nuestro lado, como el Señor no se hace el indiferente con nuestro dolor o nuestras necesidades.

En este tiempo en el que como Iglesia debemos ir enfrentando nuestras limitaciones y pecados, debemos recorrer este camino con valentía y verdad. No podemos hacernos los indiferentes ante los problemas de abusos. No debemos sentirnos ajenos de tantos hermanos que equivocaron el camino, debemos sentirnos llamados a acompañarles en el proceso humano y espiritual que deben hacer; Como debemos hacerlo también con aquellos que han sido víctimas. No podemos dejar de acoger y escuchar su dolor, como no debemos restarnos en el acompañarles en un camino de sanación y perdón.

Dios conoce nuestras necesidades, y se ocupa de ellas cuando lo dejamos actuar. Hoy el Señor quiere hacerse presente en medio nuestro para manifestarnos su amor. Dejémoslo ser el centro de nuestra comunidad… Dejémoslo actuar. Para eso debemos buscar hacer su Voluntad para ser y hacer como él desea… Solo así estaremos unidos a Dios unidos entre sí, y sensibles a las necesidades ajenas, pendientes de ayudar a remediar las necesidades de nuestros hermanos.

   

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