el viento

Fiesta de la Santísima Trinidad

Hna. Cecilia Ancapán
Religiosas Filipenses

Evangelio según San Juan 16, 12-15

Este primer domingo después de la celebración de Pentecostés la Iglesia nos invita a reflexionar y compartir en torno a la Santísima Trinidad.

Quienes crecimos en la fe católica lo primero que aprendimos fue la señal de la cruz, es ese saludo en lengua de señas que impregna una gran fuerza y conexión con el Padre, el Hijo y Espíritu Santo. Somos enviados por el Espíritu, como don de Dios a comunicar la estrecha relación que viven entre ellos. Hoy  estamos invitados  a ser realidad la vivencia de la fraternidad, por medio del encuentro que tenemos con Dios Padre, con Jesús Hermano y el Espíritu Santo que es el encargado de transmitir y mostrar la presencia permanente de Dios en nuestra vida e historia y nos revelará y desvelará quien es el Padre y el Hijo, porque él no habla por su cuenta sino que comunica lo que ha compartido como experiencia, esta imagen de la Santísima Trinidad en su relación es indisoluble, como experiencia de Amor. Por esta razón podemos decir que el Don que recibimos del Espíritu nos ayuda a descubrir el amor que Dios ha derramado en nosotros por medio de su Hijo y que inunda la humanidad entera.

Sólo acogiendo este gran regalo nos volvemos anunciadores de su Evangelio y de su Vida y podemos comprender el llamado de Dios para toda la Humanidad, “que seamos uno, así como el Padre y Yo somos uno”.

Sólo guiados por el Espíritu podemos mirar la realidad que vivimos y descubrir la grandeza de Dios en ella por medio de la creación, de todos los acontecimientos que nos llevan a palpar su presencia permanente en todo lo que nos circunda.

En cada etapa de la vida, especialmente cuando hay que  cargar con el peso de la realidad que a veces nos agobia, acudimos  al Espíritu, porque allí está  nuestra confianza y fuerza para dar a conocer el poder transformador del amor del Dios Trino, que actúa si somos capaces de abrirnos a su acción transformadora. Que Dios nos de la gracia de acogerle cada día y siga bendiciendo nuestra vida y misión.

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