La rebeldía del amor

Hna. Lourdes López, fmm
Franciscanas Misioneras de María
Actualmente vive en Ciudad de México
Conferre agradece la colaboración de esta reflexión

Una hermana de mi Congregación, hace ya más de un año y viviendo su proceso de muerte me dijo algo que me sigue calando el corazón: “Hay muchas cosas en el Instituto que no van a cambiar y nos causan dolor, pero ha valido la pena ser Franciscana Misionera de María”. Quiero iniciar este momento de reflexión con sus palabras, creo que como Iglesia en Chile y en el mundo estamos ante un kairós, un tiempo de Dios que nos permite reformular la centralidad de nuestra vida. En nuestras manos y corazones está la tremenda decisión de acoger este camino como tiempo de muerte/vida o desolación/destrucción.

Cada ser humano, se dinamiza gracias a sus propias motivaciones; el Evangelio que nos presenta hoy la Liturgia nos pone frente a nuestras propias motivaciones, lo peor es que no podemos escondernos detrás de: “mis ilusiones eran claras cuando inicié mi caminar en la vida consagrada”, porque finalmente, somos personas en crecimiento y nunca somos las mismas.

Entonces es tiempo de rehacernos esta pregunta: Qué me mueve hoy a seguir entregando mi vida por el Reino?  Qué me hace continuar en esta vida consagrada?

Si hoy logramos responder con autenticidad, sin evadir nuestras propias incoherencias ,inconsistencias, pecados y rupturas; es posible que podamos percibir, como un destello, la mirada de Jesús, esa mirada que posó sobre este hombre y que hoy nos hace reconocer su amor, que no exige, que no tiene expectativas, que nos libera, que nos cura desde lo más íntimo.

Ciertamente, tal vez cuando nos lanzamos a la vida consagrada, sentimos un impulso para “vender” todo, despojarnos, lanzarnos al vacío confiando solamente en Dios. Quizás, hoy necesitamos reconocer qué hemos ido adquiriendo en el camino; tal vez una misión o apostolado del que me he apropiado, una comunidad, un estatus, y es necesario que cada quien hagamos nuestra propia lista de esas “riquezas” que se nos “han ido pegando” y hoy, necesitamos dejar ir, hacer el ejercicio de soltar lo que no es Reino de Dios en nuestras vidas y comunidades. Porque en última instancia, solamente cuando hemos perdido todo, podemos depender del Dios de Nuestra Alianza, tal vez, eso es lo que hoy necesitamos con urgencia.

Si, te sirve, te invito a escuchar “Eres” de Cecilia Rivero Borrel rscj 

No puedo terminar estas líneas sin traer al corazón (re-cordar) a Monseñor Romero; para él, la experiencia de perder a Rutilio el Grande, significó una encrucijada sin vuelta atrás, pudo haber elegido cualquier camino, sin embargo, decidió venderlo todo para optar por Dios y su Pueblo. Que la presencia de Romero, quien ha resucitado en su pueblo, nos ilumine en este momento de Gracia para volver a venderlo todo y encontrar la mirada amante de Jesús en medio de Su Pueblo.

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