el viento

La comunidad y la corrección fraterna

Hno. Pedro Herreros, FMS
Hermanos Maristas
Coordinador Zonal CONFERRE de Iquique

El Evangelio de hoy está tomado del cuarto discurso de Jesús, en Mateo, que nos trae diversas instrucciones suyas sobre la vida comunitaria. Después de que Jesús nos ha invitado a sus discípulos a atender a los pequeños, en la comunidad, porque “el Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno solo” de ellos (v. 14), hoy nos invita a vivir “la corrección fraterna”. Nos propone un itinerario pedagógico, para incluir en la comunidad al hermano pecador, con la misma actitud que el pastor busca a la oveja descarriada (v. 12). Es tarea de toda la comunidad hacer volver al hermano que se ha extraviado, con respeto, con verdad, con amor. ¡Cómo se agradece este modo de proceder cuando el hermano extraviado de la comunidad soy yo mismo!

En la vida religiosa, la dimensión fraterna y comunitaria está en el corazón de nuestro estilo de vivir el Evangelio. Sembramos fraternidad en la misión, con nuestras actitudes de empatía y atención al otro; con una escucha honda y acogedora, por la entrega generosa y desinteresada, que privilegia al “hermano más pequeño”. Vivimos la fraternidad en la vida comunitaria, como contención mutua y como desafío a salir de mi parcela y mi comodidad. La apertura al don del otro, con su ser diferente, nos enriquece y nos desinstala. La comunidad se va tejiendo día a día, en medio de las discrepancias y los conflictos, en tensión con el individualismo de cada uno. Buscamos situamos, con la comunidad, en la perspectiva del Reino, fieles al Señor que nos ha convocado.

Pero el sentido definitivo de la comunidad cristiana y religiosa se aclara a continuación. Jesús afirma que Él está presente donde dos o tres se reúnen en su nombre; “en medio de ellos”. ¡Qué bendición! (El movimiento de los Focolares privilegia esta práctica de hacerse conscientes de que está “Jesús en medio”). La presencia de Jesús en medio de la comunidad le da sentido a nuestras búsquedas, orienta nuestro discernimiento comunitario. En el aporte que hace el hermano, está Jesús regalándome su aporte y su presencia. A mi vez, procuro, dar mi aporte a la comunidad, desde los actitudes y opciones de Jesús en su Evangelio.

Dejo para el final la expresión que también recoge el Evangelio de hoy: “Lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo; y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo”. Las mismas palabras que Jesús utiliza para confirmar a Pedro como cabeza de su Iglesia (en Mateo 16,19), aquí las dice a la comunidad. Qué regalo y qué responsabilidad tenemos como comunidad en nuestras manos. ¿Serán estas palabras las que el Papa Francisco tiene en su corazón cuando nos pide, a la comunidad de la Iglesia, al concluir cada “Angelus” dominical, que no nos olvidemos de rezar por él? (Ya en su primera aparición desde el balcón de la Basílica de San Pedro, recién elegido Sucesor de Pedro, pidió la bendición de la comunidad reunida en la Plaza, antes de dar su bendición apostólica).

Agradecemos la gracia y la tarea que tenemos por delante.