Verónica Santillan, ecj
Esclavas  del Corazón  de Jesús

El evangelio de este domingo nos relata la visita de los Reyes de oriente a la familia Santa de Jesús, conocido también este día como el de la Epifanía, y le pedimos la Señor que hoy no deje de mostrarse ante nosotros y la humanidad, permitiéndonos reconocer su voz para vivir su voluntad.

«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». Nos relata Mateo como la pregunta que surge de los magos  y me parece curioso lo que sucede, que ellos  aceptan las mediaciones, en este caso  descubren en el universo un signo: una estrella,  que se convierte en guía para llegar al Salvador, pero esta no es cualquier estrella, es “su estrella”… la de Jesús,  allí me surge el inicio de una reflexión  ¿Qué papel juegan en mi vida las mediaciones, como las identifico y como me relaciono con ellas? …

Si continuamos el texto vemos a los magos de oriente que se encuentran en  el momento de realizar un gran discernimiento, de poder descubrir los signos que en esta situación se presentan: el rey Herodes los llama en secreto, intenta persuadirlos en forma de bien diciéndoles que él ira adorarlo, por otro lado los magos sienten una inmensa alegría al continuar viendo la estrella y dejándose guiar por ella, alegría que viene del espíritu de Dios.

Luego se encuentran con el niño y su Madre, seguramente sienten allí la confirmación de ese gozo que vienen experimentando y esto queda sellado con el oráculo que reciben en sueños para hacer la elección del bien. Me detengo en esa inmensa alegría que nos provoca el Señor cuando nuestras elecciones van según su voluntad y querer, las que nos hacen capaces de gozar la dulce alegría de su amor. Ahora reflexiono en mí: Y cómo va mi alegría…? ¿Qué  me produce gozo en este tiempo, al inicio del nuevo año? ¿Va de la mano con…? ¿Cuánto agradezco las alegrías que son signos de la confirmación de los deseos de  Dios para mí y mi comunidad?

Te pedimos Niño de Belén que nos ayudes a todos, a vivir nuestra consagración desde el discernimiento de la voluntad de tu Padre, para que nuestra alegría no sea pasajera, porque el mundo nos necesita felices, hoy hacen faltan consagrados y consagrada alegres, capaces de transformar la tristeza en gozo. Que como los magos podamos ofrecerte lo mejor de nuestro corazón: nuestro oro, incienso y mirra, que sean aquellos tesoros: esos que a veces guardamos o los que  nos atrapan el corazón y no lo dejan ser solo tuyo. Para que nada nos impida ver tu estrella, la que también nos invita a seguirte cada día con fidelidad, reconociendo siempre la voz de tu Espíritu.

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