el viento

“Cuando vieron la estrella,
se llenaron de alegría…”

Hna. Jacqueline Rivas, CS
Catequista Sopeña

Continuamos en el Tiempo de Navidad, un tiempo que se presta más a la contemplación que a la reflexión. El Hijo de Dios se hizo carne, humanidad frágil y necesitada y, ante esto, solo cabe la adoración y el gozo de sabernos y sentirnos profundamente amados.

Hoy se nos propone orar con el texto de Mt 2, 1-12: La adoración de los magos. Un texto sugerente siempre y, particularmente, en los tiempos tan llenos de incertidumbre y preocupación que estamos viviendo.

Hay unos sabios de oriente que, en la oscuridad de la noche, descubren en los cielos una estrella con un brillo especial. Al igual que ellos, también nosotros caminamos en la noche. En la noche de una pandemia que se ha convertido en un auténtico flagelo para la humanidad, agudizando aún más la pobreza y vulnerabilidad de tantas personas. Una noche que se prolonga más de lo esperado. Una noche en la que no siempre vemos los caminos que debemos recorrer. Y, en la noche, aparece una estrella que nos habla de esperanza, que nos invita a ponernos en camino, que nos abre a un futuro donde volverá a brillar la luz. Sí, en medio de la noche, Dios nos ilumina con su estrella. Para verla, necesitamos contemplar el cielo, acoger en nuestro corazón su Palabra, abrir nuestros ojos para reconocer los signos de los tiempos que Dios pone ante nosotros pero que debemos saber mirar y distinguir entre otras pequeñas luces que a veces nos deslumbran pero que no nos conducen al Dios de la vida, a descubrirlo presente en nuestros hermanos y hermanas; aquellas “señales” (personas, acontecimientos…) en los cuales Dios nos habla y nos indica el camino.

A través de esa estrella, signo de su presencia amorosa y siempre providente, el Señor nos invita a ponernos en camino en la oscuridad de la noche, con la certeza de que seremos conducidos a buen puerto. Caminando a tientas, pero a paso firme.

Aun estando bajo el mismo cielo, ni Herodes, ni los sabios de Judea, ni nadie en Jerusalén se fijan en la estrella. Su apoyo son las palabras encerradas en los libros, no la vida. Y, sí, en los libros encuentran la respuesta, pero es una respuesta que no les toca la vida ni el corazón ni los mueve a salir de su zona de confort.

Y aquellos magos, símbolo de la humanidad en búsqueda de sentido, de respuestas; imagen de la diversidad de razas, culturas y credos, buscan, preguntan, indagan, encuentran respuestas y se ponen en camino. ¡He ahí la diferencia!

Y, de pronto, la estrella se detiene sobre un niño. Un niño frágil, necesitado; en una casa sencilla de una aldea, de una vivienda social o de un campamento. Lo que buscaban no estaba ni en los palacios ni en las grandes ciudades; no estaba en los libros ni en la ciencia de los sabios. Lo que buscaban es un niño, una vida que se abre. Dios se revela en lo pequeño, en un niño que nos habla de vida, de esperanza. Y, nosotros, ¿dónde lo buscamos?, ¿dónde lo encontramos?

Abramos nuestro corazón, distingamos su estrella, sigámosla. Que nuestros ojos sepan descubrir en lo pequeño, lo frágil y sencillo, la presencia de Dios que ha venido y viene a nuestro encuentro.

En este nuevo año que estrenamos, podríamos preguntarnos: ¿Qué estrellas han iluminado y guiado nuestro camino a lo largo del año que acabamos de terminar? ¿Qué estrella es la que nos guía y conduce en este nuevo año que empezamos cargados de esperanza?